La Rana & el Cerezo
25 enero 2009 por Anezma
Cómo nos conocimos
Había una vez un muy afamado hechicero, él podía cambiar el clima, hacer revolver el estómago, despertar a las avecillas, cambiar el futuro, casi de todo, era muy poderoso y por eso todo el mundo quería dar con él, pero no era tan fácil, no, claro que no. El hechicero sabía bien como esconderse de todo el mundo, se escondió de las princesas locas en busca de ayuda para encontrar a sus príncipes, se escondió de la policía, de los perros, de la iglesia, hasta del sol se ocultó. Solo los con corazón noble y que necesiten realmente verlo, lo encontrarían.
Así fue como una ordinaria campesina dio con él, aunque de ordinaria quedamos cortos, ya que ella realmente trabajaba para un viejo mafioso, de carácter horrible que la mandaba a buscar fresas, conejos y manzanas encantadas al bosque. Ahí se pilló con la cabaña del mago.
La campesina tenía un buen corazón, trabajaba para ese viejo solo para tener dinero suficiente para pagar lo que quería: felicidad, obviamente el viejo la engañó ya que nunca le dijo que la felicidad no se busca afuera sino que adentro de uno, pero la niña era ingenua, quería una historia, vivir una aventura. Por alguna parte tenía que comenzar.
Cuando el hechicero la vio venir (días antes de que llegara) se asustó, pensó que su escondite había fallado, ¡pero eso era imposible! así que decidió conocerla un poco más, algo tenía esa chica que la trajo hasta su casa, esa era la pregunta y él iba a encontrar la respuesta.
En cuanto el hechicero la vio cara a cara, la sintió más cerca de lo que realmente estaba, la muchacha empezó a hablar y eso fue lo que más sorprendió al mago. Tenía una conversación exquisita, era dulce, ingenua, poderosa… No entendía porqué trabajaba para esa artimaña.
La chica le pidió ayuda, ya que necesitaba de un mago. El hechicero, disfrazado, dijo que la acompañaría en su búsqueda. Así fue como caminaron y caminaron, por mares, ríos y lagos. Luego de un tiempo el mago había olvidado que solo tenía que estar con ella por poco tiempo, podía causar problemas si la conociese más de la cuenta, pero no le importó; no quería alejarse de ella.
Hasta que la muchacha se enamoró del hechicero, tímidamente se acercó para confesarle su secreto pero como nuestro mago era uno muy experto, lo vio venir y antes de que la chica dijese una palabra, se fue.
La niña estaba desconsolada, no sabía a donde ir, qué hacer, no podía volver a trabajar con el viejo mafioso, no podía volver a su aldea, no podía siquiera volver a su propia vida… Se la había dado a él. Pero había algo que ella aun no le regalaba, estuvo a punto de hacerlo, pero como era tímida decidió guardarlo hasta el final. Ahora ella se agradecía de sus actos; tenía su bolsa muy bien cuidada, la había cocido y remendado para dársela con orgullo al mago, para que no se la rechazara. Pero no alcanzó a dársela. Así que guardó su bolsa entre sus manos, y se sentó justo afuera del túnel que había tallado ella misma, y esperó.
Mientras tanto el mago volvió a su casa y se dio cuenta que todos sus muebles, todas sus riquezas, todos los regalos que le habían dado por su servicio y que fueron por mucho tiempo sus únicos tesoros, ya no significaban nada. Tenía otro tesoro aun más importante: Ella. Pero, ¿como volver? Si ya se había ido, ya la había hecho sufrir demasiado, lo sabía. La podía ver llorar y dormirse y luego despertar para seguir llorando abrazando a esa hermosa bolsa con todas sus fuerzas. ¿Porqué hacerle daño de nuevo?
Pasó mucho tiempo y su vida no tenía sentido, sin ella. Ella le enseñó como era vivir en lo que pasaba en lo que sentía y no solo pensar en como se vivirá años más tarde. Ella era única y especial. Nunca debió dejarla. Nunca debió alejarse. Quizás sea un poco tarde para volver, quizás ella ya lo olvidó, quizás ella esté muerta, claro, como todo humano. Pero no podía quedarse sentado a los pies de su puerta sin hacer nada más. La buscó.
Pero cuando llegó a la puerta de su túnel, la vio… Y no pudo acercarse más. Se volvió a esconder, esta vez en un lago, esperando que ella lo mirase de lejos y lo reconociera. ¡Pero es que estaba tan cambiado! Se había encogido, era verde, y húmedo. Como una rana. Y ella tan delicada, como un pétalo.
Un día la rana vio a un Pato, sentado cerca de su ojal. El mago estaba perdido, no sabía que hacer, ni que mirar, a quién amar. Si seguir esperando si salir a buscar… Que cuando el Pato gentilmente le abrió sus brazos, él aceptó y se enamoró.
Vivió muy bien por, quizás cien años más hasta que escuchó una risa. Una hermosa risa sonando en sus oídos. La había escuchado antes, pero pensaba que se había perdido. ¡Era ella! Su otra ella, su primera ella. Y estaba riendo… O quizás solo era un recuerdo. Pero cuando la rana se enderezó vio que su Pato se había convertido en un hermoso Cisne y que ya estaba demasiado lejos para él. Volvía a estar solo. Como no le quedaba nada más, ya había llorado lo que tenía que llorar, vivido lo que podía vivir decidió seguir la risa, y justamente en donde estaba la puerta de un túnel que él ya había visto, la encontró.
Tenía su bolsa aún en sus manos, pero ellas ya no estaban tensas. Sus ojos ya no estaban brillando del llanto, si no que brillaban de dicha. Y sus labios estaban abiertos, en una gran sonrisa. El mago se animó. Era ella y estaba bien, quizás ya lo había visto, quizás ya lo había escuchado.
Estaba tan extasiado que no fue si no hasta que se acercó cuando se dio cuenta de que su flor no estaba sola. Había un muchacho sentado justo a su lado, abrazándola, acompañándola. Probablemente él no sabía a quien esperaba la chica, pero es que la chica ya había dejado de esperar. Solo se había acostumbrado a estar sentada.
La rana se quedó congelado cuando vio las manos de ella, con su bolsa, acercándose a las manos del chico. Esa bolsa, ese tesoro ya no le pertenecía nunca más. Ni a ella tampoco. Era un regalo, un gran regalo que por mucho tiempo iba dirigido a él pero que ahora su destinatario era otro… El muchacho a su lado.
Desesperadamente la rana tomó su varita, y ejecutó su último hechizo…
“Una vida eterna para nosotros. Para que nos volvamos a ver, en esta y todas las próximas vidas que tengamos…”
Fin.
Pero como el mago había dejado la práctica de hechizos, quizás su conjuro no solo atrajo a la muchacha si no que también al chico. Y es por eso que aunque pasen un millón de años el final siempre será el mismo.
Fin.
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plagio. PLAGIO….. Gracias. siento que puedo….escribiré para ti para el pato y para quien quiera leer. me prepararé para ello, espére(n)me… Gracias. Plagio?
Un recuerdo: David ¿???